La importancia de dejar que tus hijos exploren el mundo con sus propias manos

Cada vez con mayor fuerza, las madres colombianas recurren a metodologías en las que prima la comprensión, permitiendo educar hijos mucho más autónomos.

FAB con su filosofía “ensuciarse hace bien”, está contribuyendo activamente en el desarrollo de los niños en Colombia, alentando a las mamás a que permitan que sus hijos exploren el mundo con sus propias manos.

Todos hemos oído sobre la importancia del juego y la exploración durante la niñez, es más, puntualmente hemos escuchado sobre lo indispensable que resulta para el desarrollo de los niños el hecho de poder ensuciar sus manos mientras descubren todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Esto es tal vez es una de las experiencias más importantes que tiene todo ser humano durante la vida. Pero, hasta ahora lo que no nos han dejado claro es entender por qué es tan importante.

Pues bien, la piel de las manos como el resto de nuestra piel hace parte de un sistema entero diseñado para poder interpretar el mundo tocándolo y por tanto nos permite adaptarnos, entenderlo y protegernos de riesgos.

La piel cuenta con receptores sensoriales que además de entregarnos información sobre las características y peligros del entorno, nos dejan conocer mejor nuestro cuerpo y a su vez, desarrollar muchas destrezas. Por medio de esos receptores, podemos identificar temperaturas, presión, humedad, texturas, contornos y dimensiones, además, de percibir el dolor.

Dicho mejor, optimiza nuestra supervivencia. Siendo así, ¿se imaginan a alguien aprendiendo del mundo, sin atreverse a tocarlo mucho? La verdad, preocupante.

Y si, resulta muy preocupante, ya que de lo que los niños aprenden al tocar, depende en gran parte su posición frente al mundo y la motivación para en el futuro.

A medida que van tocando, jugando, untándose y limpiándose, su cerebro asimila información en cantidades inimaginables.

Nunca lo sabemos, pero por ejemplo, sensaciones como la temperatura, la textura, forma de las cosas, sentir dolor y a protegerse de él, hace que vayan siendo capaces de enfrentar momentos sencillos y a la vez trascendentes, como vestirse o comer por ellos mismos. ¡Sorprendente! ¿no?.

Muchos especialistas –y coincido con ellos-, nos explican cómo afecta emocionalmente y a nivel de desarrollo el poco contacto al que se expone un niño. Tal vez las consecuencias nocivas más importantes son la demora en su desarrollo cerebral y la inseguridad de afrontar situaciones nuevas. Está por tanto en manos de las madres, permitir, apoyar e inclusive, buscar ocasiones en las que los niños puedan untarse y explorar sin límite. Permitirles hacerlo de manera intencional, fortalece su comunicación con el mundo exterior y por tanto las posibilidades para adaptarse y vivir mejor.

De la manera en la que establecemos nuestra comunicación con el mundo exterior, de cómo lo sentimos y cómo lo tocamos, depende el camino que adoptamos para definir nuestra supervivencia.